
Tierra, año 3001: el cuerpo humano ya no necesita de alimentos para su subsistencia. Se consigue sobrevivir sin la ayuda de ningún tipo de recurso material, incluso, no se requiere oxígeno. El hombre no tiene obligación de trabajar para mantenerse, y ocupa su tiempo en diferentes labores. La tierra como era conocida ha desaparecido, no existe la antigua naturaleza. Sólo, la habita el hombre, y el control de la especie humana es regido por un ente central programado para mantener la vida tal como la conocemos. Toda la superficie es un mar enorme, contaminado por distintas sustancias peligrosas del pasado. Antiguamente en los océanos, según lo que establece en nuestra historia digital, vivían seres marinos .Permanecemos en unidades autónomas volantes que se mantienen y conservan a través de la energía solar. Desde estas unidades, estamos conectados a la unidad central para la transmisión de información, tanto para el mantenimiento, como para la solución de cualquier problema. La unidad modular central también nos proporciona diferente software que permite la programación de nuestras actividades. La mayor parte de mi tiempo, lo ocupo en unidades de ocio y disfrute, como cualquier otro individuo. En estas unidades virtuales, experimentamos todo tipo de vivencia. Se trata de un espacio preparado para el control y modificación del comportamiento de las neuronas cerebrales. De esta manera, podemos simular cualquier experiencia vital. El último software novedoso, y de más éxito, consiste en la observación y viaje virtual al resto de planetas de la galaxia, posibilitando el contacto visual con el resto de seres planetarios.
Ocurrió en mi primer viaje virtual, cuando conseguí conectar y conocer a ₴₴₴₴₴₴₴. Era el único componente de su estirpe, únicamente, se mantenían cuatro especies en su mundo. La superficie de su planeta estaba formada por un sustrato de tipo arenoso, solamente este componente les permitía sobrevivir. Sus aficiones se desarrollaban en el ámbito de la disciplina; no tenían ninguna escala de valores o moral establecida. Su evolución y vivencias se fundamentaban en observar e imitar acciones ajenas. El organismo se componía de un dispositivo programable para simular a través de la experiencia de otros seres; por ello, los contactos virtuales le permitían aprender otras formas de existencia. Trasladaba nuestro comportamiento humano a códigos programables. Otra característica sorprendente era su mutación y división de su dispositivo central en tantas partes como sensaciones necesitaba. En ocasiones, rompía su estructura orgánica en sectores que le permitían tener sentimientos diferenciados, realizar operaciones matemáticas, pasar de estado sólido a líquido, así como expresar todo tipo de sonidos; su organismo era como un caparazón cambiable que contenía energía regenerativa. Le explique la forma de vida de mis antepasados a través del concepto de historia. Su mundo no poseía civilización ni cultura, simplemente, se trataba de entes con capacidad acumulación de energía que les proporcionaba una inteligencia concreta de imitación.
En mis viajes conocí otro planeta especialmente inhóspito. En el, existía un ser que se alimentaba de tierra, de tipo rojiza, formada por elementos no conocidos. Sus tareas habituales eran mantener un nivel óptimo de particularidades en el entorno que permitiera la permanencia de las propiedades de la tierra. Cuando conocí a sus seres, la primera impresión fue la de una sociedad primitiva que convivía a la perfección con su medio. Al tiempo, me di cuenta que, simplemente, era la búsqueda de la supervivencia adaptada a un hábitat complejo. A los dos meses, y ante el éxito inicial del programa, se perfeccionó su funcionamiento; se consiguió que pudiéramos participar y contactar con una serie de nuevos planetas, hasta ahora, inaccesibles por su lejanía. Además se adecuo y se creo un tipo de lenguaje galáctico común que permitía ya no únicamente la observación, sino también la comunicación mutua. Por último, y como novedad más atractiva e impactante, se había logrado la experimentación paralela a través de la penetración en otros organismos. Esto permitía una vivencia equivalente a la del resto de seres de cada planeta; nos permitía poder sentir sus propias sensaciones.
Planeta Chass, según estadísticas el más visitado. La travesía virtual duró sobre siete días. Cuando llegué, estaba rodeado de diferentes formas de pirámides cristalinas que se desplazaban a una velocidad sorprendente; estaban por todas partes. Observé como se unían de vez en cuando creando objetos con formas diferentes. Permanecían durante un tiempo unidas y, posteriormente, se separaban. A los dos días aprendí a desplazarme, y ante una nueva conjunción de objetos, decidí integrarme en la formación común agregándome de una manera natural. En esos momentos de acople, sentí un poder infinito que permitió recrearme en otros tipos de objetos. Dada mi concepción de las matemáticas, decidí transformarme en un triangulo, cono, camión e infinidad de formas. Intenté convertirme en una figura a semejanza de mi forma humana, en esos instantes me convertí en un diamante. Posteriormente a esta experiencia, viaje a diferentes galaxias. Cada una tenía sus propias especificidades: desde planetas donde todos los componentes eran palos de un material flexible a aquellos en el que el componente líquido adoptaba conversiones con formas diferentes.
En mi último viaje, después de quince días, arribé a un nuevo mundo. Se trataba de un planeta que se había establecido la comunicación recientemente. Fue sorprendente, nos encontramos, al parecer, con una copia exacta de lo que fue en el pasado el planeta Tierra. Existía una naturaleza frondosa, repleta de árboles y plantas. Se confirmó que la población respiraba oxígeno y necesitaba de alimentos como los descritos en los libros de cocina antiguos. Decidí alargar mi estancia en este planeta; me encontraba a gusto. Los individuos trabajaban en unidades de producción y, a cambio, recibía una contraprestación en forma de metal con el cual podía acceder a otros recursos. Recordaba en mis lecturas que se trataba de un sistema económico denominado economía de mercado. Llevaba poco tiempo, y noté que existían características no contenidas en los manuales y enseñanzas. Parecía como diferentes mundos en uno. Observé que la población se acumulaba en urbes repletas; pero, al mismo tiempo, aparecían grandes espacios con poca densidad poblacional, nada que ver con la distribución racional de nuestras unidades. Los humanos vivían en casas, y por el día, las calles se inundaban de transeúntes que se dirigían a diferentes destinos oganizados de manera frenética.
Permanecí en la Tierra durante aproximadamente veinte años. La vida en ella era apasionante. Tenía una gran ventaja respecto a los que vivían allí: no necesitaba trabajar para subsistir. Dedicaba mi tiempo a conversar con la gente y experimentar nuevas emociones. En ocasiones, comía o bebía para no despertar sospecha. También me integraba en sus tradiciones heterogéneas. Empecé a sentir arraigo por aquella tierra y sus gentes, hasta el punto que intentaba ayudar en todo lo posible a mejorar la calidad de vida de sus habitantes. Advertí como se destruía el entorno que en el futuro daría como resultado mi actual planeta. La diversidad era reemplazada por una globalización en la explotación de los recursos basados en unos perfectos mecanismos económicos de maximización de los beneficios. Toda la tecnología era utilizada para optimizar el aprovechamiento de todos los recursos, incluidos lo humanos. El resultado era que todo lo presente en el planeta era susceptible de explotación económica. Por lo visto, se potenciaba al máximo el consumo de bienes como motor y causa de la felicidad. A partir de mi visión de futuro, me dediqué de manera apasionada a advertir a los habitantes de la Tierra de las consecuencias de los procesos que se estaban produciendo; sus descendientes no conocerían esta maravillosa diversidad. Llegó un momento que logré que mi mensaje calara en la población. Participaba en su vida política y sus procesos de cambio social. Cuando la gente empezaba a tomar conciencia, y todo parecía que podía cambiar, empezó una campaña de desacreditación apoyada por la mayoría de los medios de comunicación. Sus argumentos hicieron mella en la población. La impotencia me reafirmó en mi objetivo; pero mi voz ya no era escuchada. Se me acusaba de ser una persona acomodada con mis necesidades perfectamente cubiertas, de pensar más en el planeta como tal que en la propia gente que lo habitaba. Tal vez estaban en lo cierto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario